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La ley del desastre

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¿Te ha pasado que planeas algo hasta el mínimo detalle y no pudiste estar más equivocado? ¿Las cosas no salieron como las tenías calculadas?

¿Tus intenciones y planes de hacer ejercicio este año no se llevaron a cabo? ¿Tu pareja termino su relación contigo?

El acelerador de hadrones no pudo acelerar, en sus primeros años, átomos a la velocidad de la luz, dejando perplejos a los científicos.

Las cosas no resultan como uno inicialmente las planeo, bienvenido a la ley del fracaso.

Esta determina que no importa lo probable que sea una situación, siempre habrá un margen para el desastre, una posibilidad que no se den los resultados esperados.

¿Tendremos nosotros la marca del diablo que nos tocó vivir únicamente a nosotros esa situación? No puedes estar más equivocado, el desastre en tu vida, tu relación o tus negocios no está determinado por tu “mala suerte”, está determinada por la ley de la probabilidad y nuestra condición humana, somos sistemas complejos que no funcionamos o reaccionamos igual en cada situación que se nos presente.

La verdadera gloria está en cómo enfrentaras el fracaso, que actitud tomaras cada vez que se presente, que como todo el vida, siempre será recurrente y constante, en menor o mayor escala.

Warren Buffet ha ganado miles de millones de dólares invirtiendo en bolsa, y ha perdido miles de millones de dólares invirtiendo en bolsa. En su capacidad de reacción a estos malos resultados, su pasión y motivación inconmensurable, su sencillez a la hora de tomar decisiones que lo siguen manteniendo por muchos años entre el privilegiado listado de los diez hombres más ricos del mundo.

La teoría del vaso medio lleno o medio vacío.

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Cada vez que fracases en una relación así como en los negocios, no pienses en lo que perdiste, determina cuanto tiempo, esfuerzo y dinero te costó crecer a nivel personal, a nivel profesional porque no hay mejor maestro que el fracaso.

Si quieres aprender, progresar y ser mejor persona, debes fracasar. No fracaso para ser un fracasado, lo hago para ser exitoso.

Puedes leer todos los libros del mundo, ir a todas las conferencias, planear tu vida entera, que la puesta en práctica te torcerá tu brazo, pero tú no darás tu brazo a torcer, te esforzaras más, aguantaras el implacable destino y seguirás avanzando, aprenderás, serás un maestro en tu oficio, en el amor, en los negocios. Es mejor amar y fracasar que nunca saber que se hubiera sentido ser amado.

Tus éxitos pasados no definen tus éxitos futuros

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Si te fue bien antes, no significa que la vida te tiene preparado para el éxito, si no lo afrontas con serenidad, no perdurara mucho tiempo más. Si has tenido diez inversiones exitosas y te estás comiendo al mundo, no bajes la guardia, no significa que tus próximas diez inversiones serán un homerun en tu cancha.

He conocido personas tan exitosas que nunca habían tenido que sufrir el fracaso, y era tanto así, que el más pequeño soplido en su baraja de naipes los ha llevado a la depresión, al estancamiento, eras reyes en su tierra y una vez dejaron de serlo, algo, por más pequeño que sea, les salió mal, no lo habían sentido ni estaban preparados para ello, nadie lo está, no fueron capaces de afrontarlo y ahora van en una espiral de caída libre hacia el suelo.

Enfócate en aprender, en entender porque no te salen las cosas como quisieras que fuera. Determina que está mal en tu vida, aléjalo de ti, es tu pareja, es tu pasión por los negocios mal enfocada, estás invirtiendo en un mercado bajista, te estás acompañando de las amistades incorrectas que no te aportan nada positivo.

Determinación, coraje, valentía, enfoque, disciplina son tus herramientas, son tus armas de defensa, blandea tu espada como lo hacían los gladiadores para resguardar sus vidas, enfrenta tus miedos, prepárate para lo peor, pero no busques que suceda lo peor, no empieces un negocio diciendo:

– y si me va mal ¿Qué voy a hacer? –

No has abierto las puertas, no has concretado tu primera venta y ya estás destinando tu idea al fracaso. El fracaso es un maestro, no un destino, puedes darte el lujo de equivocarte, nadie nació perfecto, pero no puedes darte el lujo de derrotarte, de tirar la toalla, de desperdiciar la enorme ventaja que te da el conocimiento, la experiencia.

Vende con coraje

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Un vendedor de biblias llega a la puerta de una casa, toca suavemente la puerta. Le abre el que parece ser el dueño de la propiedad, hombre alto con hijos hechos a su medida.

– Buenos días señor, me permito presentarme, soy Juan Lafourie y en el día de hoy vengo a… –

Zas, un zarpazo en la puerta. El vendedor pone su mejor cara, organiza su ropa y vuelve a tocar con la misma suavidad que toco la última vez. Una vez más le abren la puerta.

– Disculpe usted mi insistencia, no me dejo terminar, no le he mostrado las nuevas imágenes que acompañan este bello libro de bordes dorados.

– No me interesa – responde aquel hombre ya con la cara algo desajustada y fuera de sí mientras vuelve a azotar la puerta.

Aquel hombre no da paso atrás y se aventura a tocar una tercera vez. No ha terminado de organizarse el peinado y aclarar su garganta cuando es nuevamente atendido, esta vez no por el hombre, sino por su contundente puño que lo arroja a la mitad de la acera, esparce los libros por el suelo, tumba aquel vendedor al suelo mientras su contrincante se aleja y vuelve a cerrar la puerta.

Aquel vendedor se levanta, recoge sus libros, organiza y limpia su traje, se compone la camisa y toca la puerta por cuarta vez.

Vez la metáfora, el concepto, no es el de ser un terco, una carga para tus clientes, de generar una venta forzada, es de coraje, de mantener siempre la frente en alto, no dejarte derrotar por las circunstancias, no dejar de aprender, no dejar de disculparte con aquel cliente que aunque te ataco indiscriminadamente, tu provocaste esa imbatible furia al no percatarte que aquel hombre discutía con su esposa y tú, ni corto ni perezoso, no dejabas de molestar, era la venta equivocada en el momento equivocado, pero aprendiste, sabes lo que es recibir un golpe, y la próxima vez, tal vez, puedas esquivarlo mejor, entender tu error y poder corregir tu estrategia.

“No venderles a personas en un estado de ira, de desconsuelo”.

No por eso renunciaras a tus sueños y abandonaras tu pasión, la reestructuraras y seguirás con la siguiente puerta y la muy posible futura venta y no es hasta que aquel vendedor allá tocado por lo menos cien puertas sin una sola venta que pueda entender que debe mejorar su estrategia y escoger mejor a sus clientes.

Tal vez asistiendo a grupos de oración en la iglesia, recorriendo salones de alcohólicos anónimos, llevando a sus hijos a estudiar a escuelas católicas, que tenga posibilidad de encontrar un mejor público con la necesidad que pueda ser aliviada con su producto.